
Fernando León siempre nos habla de sirenas. Desde su cortometraje, titulado así, hemos podido contemplar una colección de personajes que sueñan con sirenas. Y también sirenas que a veces trabajan en una conservera de Gijón o cuidan ancianos como Amador.
La película, como sus otros trabajos anteriores, nos habla de personas reales y de todos sus problemas cotidianos. Contiene todos los ingredientes de una película de Fernando León, para mí, buen director y mejor guionista: un discurso social que subyace en toda la historia, la vida como una casualidad que nos pasa factura constantemente y personajes casi bíblicos, como esa prostituta que ayuda a Marcela, la protagonista, de manera tan altruista como original.
En Amador, además, hay símbolos que ayudan a contar una historia llena de metáforas y giros de guión, como el frigorífico en el que las letras con imán van cambiando según va avanzando la historia. O los puzzles, tanto reales como imaginarios. Amador hace un puzzle de 1000 piezas mientras le explica a Marcela que todos tenemos las piezas de nuestro rompecabezas al nacer y es nuestra responsabilidad saber juntarlas hasta conseguir terminarlo. Sólo entonces somos dueños de nuestra vida. También hay fotos que acaban hechas añicos y cartas de despedida que intentamos leer después de haberlas roto. La vida es un jodido puzzle.
Puede que Amador no esté a la altura de trabajos anteriores de Fernando León como Los Lunes al Sol o Familia, pero es un buen trabajo. Yo diría que Amador es un "spin off" de Los Lunes al Sol, ya que en ésta también aparece un personaje muy similar llamado Amador e interpretado por el mismo actor, Celso Bugallo. La música, compuesta una vez más por Lucio Godoy, si bien no brilla por su originalidad, es muy adecuada para las escenas en las que aparece. Espero que disfrutéis con este pequeño baño de realidad.